Archivos para V. Nutrición en la Tercera Edad

La Alimentación Adaptada

La alimentación tradicional es la elección ideal siempre y cuando, además de las calorías necesarias, se aporten todos los nutrientes en las cantidades adecuadas para mantener un buen estado nutritivo. Entre la población anciana no es raro encontrar diferentes situaciones en las que no se cumple este requisito y se hace necesario adaptar la alimentación.

La alimentación adaptada es la que utiliza desayunos, comidas, meriendas o cenas con alguna cualidad ordinaria modificada para adaptarse a las personas que no pueden alimentarse normalmente:

  • Son comidas sin sal ni azúcar pero de sabor intenso y atractivo para personas que han perdido capacidad gustativa.
  • Son comidas que pueden alternarse o mezclarse con platos caseros para enriquecerlos o sustituirlos. Ésta es una buena solución para suplementar nutrientes en dietas monótonas o con menos de 1500 Kcal.
  • Son comidas con textura adaptada, fáciles de masticar (blandas) y tragar (consistencia homogénea) para personas que se atragantan con los líquidos. Deben combinarse con agua gelificada (gelatina) como sustituto del agua.
  • Son comidas microbiológicamente seguras que requieren poca manipulación, fáciles de preparar y de larga caducidad. Indicada para asegurarla alimentación de personas que viven solas y les cuesta hacer la compra o cocinar.

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Alimentación en la Tercera Edad

Las necesidades nutricionales de la población anciana no son las mismas que las del adulto y las consecuencias de la malnutrición son más graves en el primer caso.

En el anciano existe una influencia recíproca entre la malnutrición y la aparición de enfermedades, que conlleva la instauración de un círculo viciosos difícil de romper: enferman más los ancianos desnutridos y se desnutren más los ancianos enfermos.

Esto es debido a que, en períodos de enfermedad, el metabolismo aumenta las demandas de energía y nutrientes hasta un nivel en el que no se pueden satisfacer mediante las reservas del organismo.

Las necesidades energéticas del anciano son menores (por Kg. de peso) que las del adulto. Sin embargo, las necesidades de nutrientes no disminuyen; es más, existen ciertos nutrientes que requieren mayor atención.

LOS PRINCIPALES OBJETIVOS NUTRICIONALES SE CENTRAN EN ASEGURAR EL APORTE ADECUADO DE:

Calorías Para mantener la masa celular y conservar la función de órganos y tejidos; y al mismo tiempo evitar la obesidad abdominal.
Proteínas de alto valor biológico Para frenar, en lo posible, la inevitable pérdida de masa muscular y asegurar el aporte necesario para las épocas en las que aumentan las necesidades (enfermedad).
Calcio y Vitamina D Para conservar el esqueleto. El calcio es el componente mayoritario de los huesos, y la vitamina D mejora su asimilación e incorporación a éstos.
Vitaminas (E y C) y Minerales (Zinc y Selenio) antioxidantes Para prevenir la acumulación de radicales libres, mantener la función del sistema inmune y mejorar la respuesta a las enfermedades. El aporte adecuado de zinc puede resultar difícil de conseguir cuando  la dieta es baja en calorías. Su escasez se relaciona con la disminución de la inmunidad, la mala cicatrización de heridas, la alteración de la percepción de los sabores, la pérdida de apetito y los trastornos oculares.
Vitaminas Grupo B Para reducir el riesgo de formación de coágulos sanguíneos, infartos cerebrales y demencia.
Magnesio Para prevenir alteraciones del metabolismo de la glucosa y conservar la mineralización del esqueleto.
Hierro Para cubrir el aumento de las necesidades que imponen situaciones en las que frecuentemente se encuentra el anciano (enfermedades inflamatorias y digestivas, etc.)
Líquidos Para evitar la deshidratación. A nivel práctico se recomienda consumir unos 8 vasos de agua al día.
Fibra dietética Para asegurar una óptima función gastrointestinal. El consumo de fibra, junto con una ingesta hídrica adecuada, previene el estreñimiento, favorece un mejor control de la glucemia y del colesterol y reduce el riesgo de aparición de divertículos intestinales y algunos tumores digestivos.

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Comportamiento Alimentario del Anciano

Las transformaciones en la composición corporal se traducen, entre otros, en cambios en el funcionamiento del tubo digestivo y del sistema nervioso, lo cual repercute negativamente en los hábitos alimentarios:

  • El interés por la alimentación disminuye en los más ancianos por diversos motivos. La producción de saliva es menor y de peor calidad, suelen faltar dientes y se atrofian las papilas gustativas (dulce o salado). Además, aparecen atragantamientos debidos a la falta de coordinación necesaria para ingerir líquidos.
  • El estómago disminuye su tamaño y flexibilidad, lo que da lugar a saciedad precoz.
  • En el colon el músculo propulsor se atrofia, disminuye la lubricación de las heces y es frecuente el estreñimiento y la aparición de divertículos, que ocasionan molestias intestinales y modifican la selección y restricción de alimentos.
  • Con la edad también disminuye el número de células del sistema nervioso y se altera su funcionamiento. Los movimientos se hacen más lentos y falla el pulso (temblor senil). Estos cambios, a los que se puede sumar la alteración de la memoria y la disminución de la vista, el gusto y el olfato, afectan a la capacidad del anciano de alimentarse por sí mismo y le obligan a modificar sus hábitos alimentarios previos.
  • Todo ello explica que en esta etapa de la vida se elaboren dietas desproporcionadas, desiquilibradas y poco nutritivas, con cierto desorden y monotonía, en lugar de una dieta adecuada.

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Cambios biológicos y necesidades nutricionales

Durante el proceso de envejecimiento, la multiplicación celular se hace progresivamente más lenta y muchas de las células que se pierden no son sustituidas. Este proceso repercute de forma desigual, tanto en el tamaño y funcionamiento (metabolismo) de los distintos órganos y tejidos, como en las necesidades nutricionales del anciano.

A partir de los 60 años disminuye progresivamente la talla y el peso, principalmente a expensas de la masa muscular (sarcopenia) y ósea (osteoporosis). la grasa corporal se redistribuye, disminuyendo el tejido adiposo subcutáneo (adelgazan brazos y piernas) y aumentando el tejido graso abdominal (obesidad abdominal).

Con la edad, conforme disminuye la masa muscular y la actividad física, desciende el consumo energético en reposo (energía de mantenimiento). Sin embargo, esto no significa que el anciano no necesite alimentarse sino todo lo contrario, ya que “vive al día” en lo que a energía y nutrientes se refiere.

Por un lado, el intestino se reduce en tamaño y sólo es capaz de absorber energía y nutrientes para cubrir las necesidades a corto plazo.

Por otro, la masa corporal de reserva se hace progresivamente más escasa, y si no se aportan alimentos para hacer frente a las demandas, se consumirán los propios tejidos.

Como consecuencia, el anciano se adapta a la escasez de energía o nutrientes, pierde peso con facilidad y le cuesta recuperarlo. por eso, el peso recomendado para los ancianos es mayor que para otros adultos jóvenes de la misma talla.

Otra característica de la vejez es la pérdida de agua corporal. Desde el nacimiento se va perdiendo agua paulatinamente, de forma que al llegar a la ancianidad, el contenido de agua es el mínimo aceptable para mantener el funcionamiento del organismo. A esta circunstancia se suele sumar la alteración del mecanismo de la sed, lo que hace necesario vigilar la cantidad de líquido que consumen las personas mayores.

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Envejecemos todos de la misma forma?

En la mayoría de los países se suele clasificar, de forma arbitraria, a una persona como mayor a partir de los 65 años. Sin embargo, este criterio resulta demasiado simple porque hay muchos tipos de ancianos. Los hay que gozan de buena salud, son autosuficientes y capaces de alimentarse por sí mismos. Otros que pierden capacidad funcional y presentan dificultades para realizar tareas como hacer la compra, preparar la comida o desplazarse de un lugar a otro. Y en último término, hay ancianos frágiles que dependen completamente de los demás y enferman con facilidad.

Después de la jubilación, unas personas pierden poder adquisitivo mientras otras conservan su capacidad económica.

Hay ancianos que están solos, los hay que viven en residencias y otros que conservan intactos los lazos familiares.

La pérdida de juventud, de autonomía o de la posición social exige un proceso de aceptación personal: mientras que hay personas reaccionan negativamente ante los cambios y son incapaces de adaptarse o se deprimen, otras adecuan de forma positiva sus hábitos y estilo de vida a esta etapa vital.

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Por qué nos hacemos mayores?

El envejecimiento es un proceso biológico natural. Un proceso que depende principalmente del paso del tiempo y la herencia, pero que puede modificarse por factores externos como la nutrición, las enfermedades y la situación social y económica.

Con el envejecimiento se van perdiendo capacidades biológicas, psíquicas y socioculturales que repercutirán en las necesidades nutricionales y en los hábitos alimentarios.

El paso del tiempo y la genética no son modificables, pero sí lo es la forma de envejecer. Para ello es conveniente mantener la actividad física y psíquica y prevenir problemas nutricionales adaptada a las especiales necesidades del anciano.

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