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COMER ANIMA

La alimentación tiene un papel primordial en la lucha por superar momentos de decaimiento y debilidad.
¿Levantar el ánimo? ¿Comer? ¿Son contradictorios? La respuesta es una absoluta negativa. Precisamente una buena nutrición esuna gran defensa contra situaciones de estrés o depresión. No hay que olvidar que podemos entrar en la cocina y preparar buenos menús sin casi darnos cuenta de que estamos cocinando.
Hablamos de, por ejemplo, de platos con remolacha, revuelto de guisantes, ensalada con arroz integral, hígado de pollo, ensalada de lentejas y endibias, salmón con espinacas, tostada de pimientos, berenjenas y un largo etcétera.
Entretenimiento
Y es que cocinar no es un sacrificio, no es un castigo. Con la preparación de una comida logramos pasar un rato agradable. Encontramos unos momentos de entretenimiento. Tanto si cocinamos para nosotros sólos como para otras personas. Recordemos que la comida, la invitación a comer a la gente que nos rodea, ha sido tradicionalmente un acto de comunicación, de relación con los demás. Se trata de que recuperemos ese sentimiento comunitario que siempre ha tenido la comida compartida.
Consumo
Si nos referimos a los nutrientes de nuestra alimentación, digamos que el consumo de minerales es fundamental para levantar el ánimo. Asimismo las vitaminas B refuerzan el sistema nervioso y nos ayudan a luchar contra el agotamiento. Es también necesario el consumo de hierro. La falta de hierro es causa de muchos estados de decaimiento. Tiene como consecuencia la anemia y sus efectos son un estado permanente de cansancio y un bajo tono vital. Se tiene un sentimiento permanente de poca capacidad para hacer frente a cualquier dificultad de nuestra vida diaria.
Dulces
Es preciso huir del consumo de dulces como solución para evitar cocinar y aplacar la sensación de apetito. El chocolate es una buena combinación de minerales que podemos tomar pero sin caer en situaciones de abuso. Si no sentimos apetito es posible preparar menús que se coman sin esfuerzo. Hablamos, por ejemplo, de patatas y pescado hervido, purés de calabacín, zumos de naranja o la jalea de frutas.
Hierro
Entre las legumbres son la soja, garbanzos y judías las que tienen mayor proporción de hierro. En verduras y hortalizas, el perejil, la lombarda o las espinacas cuentan también con dosis elevadas de este mineral.
En lo que se refiere a los cereales y derivados lo encontramos con especial abundancia en la levadura seca de cerveza, el germen de trigo, la levadura seca de cerveza, la avena o el trigo. En los pescados, las almejas, las ostras, las anchoas o las sardinas. En los huevos, la yema y en las carnes, el hígado.

Comer y cocinar

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GRASA DE LA SALUD

Las funciones que realizan las grasas en el organismo son muy diversas. Abarcan desde la constitución de las células hasta sus efectos beneficiosos en el funcionamiento del estómago o los riñones. Dan también elasticidad y mantienen la hidratación de la piel.
Las grasas transportan numerosas vitaminas y facilitan ácidos que nos resultan imprescindibles en el organismo. A partir de los ácidos grasos poliinsaturados nuestro cuerpo fabrica sustancias que resultan necesarias en el control de la coagulación de la sangre y de las inflamaciones. Estos ácidos, los conocidos como "omega 3 y 6", se cree que juegan un destacado papel para la prevención de la arterioesclerosis, la trombosis, la artritis reumatoide, el eccema atópico o la esclerosis múltiple.
Hay que tener en cuenta que existen ácidos grasos insaturados que no pueden ser fabricados por el propio cuerpo. La alimentación es por tanto la vía para ese suministro. Si no se recibieran estas grasas empezaríamos a percibir síntomas alarmantes como un decaimiento general, diversas alteraciones en la piel con perdida de la capacidad de retener agua o caída del pelo.
Cuidado
Los ácidos grasos poliinsaturados deben tratarse con cuidado. Nos referimos a que, pese a sus grandes cualidades, pueden llegar a convertirse en perjudiciales. Esta situación se produce si dejamos que los ácidos se oxiden o se enrancien. Son frágiles y para permitir una buena conservación los debemos consumir acompañados de vitaminas que eviten su oxidación. Hablamos de las vitaminas E y A.
La solución para evitar este problema la encontramos en los alimentos naturales que nos facilitan las grasas y vitaminas que les deben acompañar. Es el caso de los frutos secos, como almendras, nueces o avellanas. También es muy útil el consumo de germen de trigo, legumbres, aguacates, pescados o de las aceitunas. El aceite de oliva, por sus características de estabilidad y resistencia, es de nuevo una alternativa frente a la facilidad de degradación de los aceites poliinsaturados.
El consumo de grasas no está reñido con la prudencia. Se ha contrastado hasta el infinito la relación directa que existe entre las enfermedades cardiovasculares y el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas y colesterol . Se hace necesario por tanto la prudencia en el consumo de este tipo de productos.

Grasas buenas

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